Los pueblecitos, que parecen no haber cambiado en absoluto desde la época medieval, continúan ofreciendo ricos y sustanciosos manjares montañosos. El cabrito, el pescado de río y la carne de caza, asados sobre brasas de carbón, cocinados en estofados con hierbas silvestres y acompañados por el delicioso vino de la región, son el complemento perfecto de este paisaje.
Aunque cada uno de sus pueblecitos es especial, la historia de Belmonte es única y fascinante. Aquí la comunidad judía, floreciente en el siglo XIII, fue perseguida hasta verse forzada a practicar su religión y cultura en secreto durante siglos, hasta ser “descubierta” tan solo hace unas décadas.
Es, sin embargo, su magnífica naturaleza lo que atrae a la mayoría de sus visitantes. En estaciones más cálidas, los senderos lo llevarán a través de preciosos paisajes pastorales, valles glaciales, una fauna y flora realmente única y vistas panorámicas de belleza sobrecogedora. En invierno, la nieve añade todavía más majestuosidad al paisaje, ofreciéndole incluso la posibilidad de practicar deportes invernales.
Sea cual sea la estación, este es un destino realmente especial que siempre tiene algo que ofrecerle.